Argentina I

-Tilcara-

Luego de cruzar la frontera Villazón- La Quiaca, desde ahí nos tomamos un micro con destino a Tilcara. Medio en serio y medio en broma repetía la frase “uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida”, allí había estado un año atrás y me enamoré. Me sentía como en casa. Uno, cuando viaja adopta hogares en diferentes partes del mundo; Tilcara era un hogar, al norte de mi país natal. Un sitio al que volvería cada vez que se me presente la oportunidad. Su plaza con la feria de artesanías, sus peñas nocturnas, la amabilidad y tranquilidad de quienes la habitan, y el pucará se combinan para abrazar a cada uno de los que pasamos por ahí.

Llegamos el 2/2/2019. Inmediatamente nos dirigimos al hostel, que ya sabíamos dónde estaba ubicado. Las calles dejaron de ser desconocidas, habíamos entrando nuevamente a un hábitat casi natural.

Descubrí que podía empezar a sentir nostalgia de algo, aun cuando todavía no había finalizado.

El vínculo entre los italianos y nuestro grupo se afianzó más. Aunque mi contacto con ellos no era más que las charlas en grupo que compartíamos. Cuando terminamos de acomodarnos en el hospedaje fuimos a almorzar, pero cada grupo por su cuenta. Después nos volvimos a encontrar porque habíamos quedado en ir juntos al supermercado. Ellos nos iban a preparar una típica pasta italiana y nosotras los deleitaríamos con un típico postre argentino: chocotorta. Hicimos las compras, volvimos al hostel y disfrutamos del placentero momento post-almuerzo en el que el cuerpo y la mente se apaciguan; leímos en las hamacas paraguayas, dormimos la siesta, jugamos a las cartas bajo un árbol y en el transcurso del día intercambié algunas sonrisas y algunas miradas con D. Por mi parte no pensaba en la posibilidad de que ese juego de seducción creciera. Aunque si lo fantaseaba. Los baños no estaban separados por género, mientras me duchaba escuché cantar una voz en italiano, supe que era él. Cuando salí y vi la ropa de donde salía el canto, lo terminé de confirmar. Me cambié y salí rápido. Me daba nervios cruzarlo cara a cara. Me parecía lindo. 

Anocheció y empezaron a cocinar, así que me acerqué y pregunté en qué necesitaban ayuda. Mientras cortamos y pelamos verduras, quedamos sentados al lado y charlamos un poco más. Me contó que tenía un restaurant y que su próximo destino era Santa Fe, porque tenían un casamiento allá. Al poco rato se acercó un viajero músico con su guitarra y la atención pasó inmediatamente a él. Sonaba pensamiento de caracol de Gustavo Pena, en tanto que esperábamos el hervor del agua para los fideos.

Sin duda alguna aquella comida fue la más deliciosa que comimos en un mes y medio de viaje de estar rotando entre arroz, polenta y papa. La devoramos y nos dedicamos toda la cena a hacer alusión a lo rico que estaba. D y su amigo se reían, les parecía simpático nuestro agradecimiento por el manjar. Luego se armó la previa a la peña de esa noche, nos reunimos los huéspedes en el patio a tocar la guitarra y tomar vino. Nos reímos y cantamos hasta que se hizo la hora y nos fuimos todos juntos al camping que organiza esta fiesta típica. Cuando llegamos no había nadie, creo que la temporada ya estaba terminando o esa noche no había ánimo de fiesta. L. se subió a tocar el cajón peruano con otros amigos músicos que estaban ahí. Después pusieron música y empezó a llegar más gente; bailamos chacarera un rato pero enseguida nos volvimos a dormir. Los tanos estaban sorprendidos con todo lo que ocurría, en especial con que se tomará vino en cartón. Lo que para ellos era un choque cultural inmenso, para nosotras era parte de la cultura viajera argentina.

El día siguiente fue una jornada reflexiva. Era el último día de viaje, estaba transformada y desconcertada por el hecho de volver. Entre nosotras podíamos percibir una energía extraña, entre nostalgia y cansancio. No hicimos mucho más que tomar mate y preparar, de a poco, las mochilas y las mentes. 

El intercambio de sonrisas entre D. y yo continuaba. Esa noche cenamos juntos nuevamente y entre una conversación y otra me pidió que le pase mi celular para que le envíe las fotos que habíamos sacado en el Salar de Uyuni. Quedamos en contacto. 

Regreso, regresar, regresando-

¡Era tan lejana esta fecha! 

Allá a lo lejos, por el veintiséis de diciembre del año anterior cuando había arribado a Cusco creía que el cuatro de febrero era inalcanzable, sin embargo acá estaba y con una valija muchísimo más profunda en comparación con la que había comenzado. 

La jornada de regreso es parte del viaje, te permite entrar en un proceso de asimilación lento. Así que entre chequeo de papeles y orden de mochilas, empezamos la vuelta. Esa mañana desayunamos con D. y su amigo en una cafetería tilcareña. D. me pregunto si había leído Notre Dame De París de Víctor Hugo; a lo que le respondí que no. Seguimos conversando entre todos hasta que se hizo la hora de ir para la estación. Una vez en la terminal de micros, estaba terminando de acomodar mi bolsa de dormir en la mochila, cuando D. se acercó y me preguntó si quería ir a tomar algo con él, cuando llegara a Buenos Aires en diez días. Me quedé congelada y le pregunté: “¿Qué?”.  Me respondió repitiendo la invitación y yo, sorprendida, porque no me lo esperaba en absoluto, le dije que sí. Nos despedimos y seguimos camino por separado. 

De esta manera volví: con el afán de seguir recorriendo el mundo y a la espera de un encuentro que me intrigaba. 

-Buenos Aires-

Lunes 18 de Febrero

Hoy salgo con D. Estoy nerviosa. 

Martes 19 de Febrero

No entiendo nada de lo que sucedió. Conectamos a niveles desconocidos. 

Nos despedimos. Me fui caminando treinta cuadras hasta mi casa intentando comprender. 

A las dos horas me llamó D. y me dijo que no se tomó el avión. 

   Jueves 21 de Febrero 

Estamos compartiendo días

Estamos recorriendo la ciudad 

Lo valioso del encuentro y de permitir que suceda

Lunes 25 de Febrero 

Hoy sí nos despedimos. 

¿Y ahora? 

Viernes 14 de Marzo 

Hoy confirmé mi viaje a Israel. 

Hablé con D, planeamos viajar por Italia en auto y después ir a su casa.  

Sábado 23 de Junio

Después de tanta espera, me voy tres meses de viaje, casi sin planes y sola.  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s